De nuestros Alcaldes, sus logros, cuitas y curiosidades / Capítulo VI (1930-1943)

Ingeniosa fue la frase que tuvo D. RAFAEL ROSTÁN FERNÁNDEZ-LUNA, cuando en su discurso de toma de posesión del cargo como alcalde (3.10.1930-14.4.1931), dijo que “la prensa me atribuye la profesión de zapatero, pues bien, yo haré unos zapatos de charol para que los luzca mi pueblo”, en clara alusión a su interés por mejorar la imagen de la población y el bienestar de sus moradores. La verdad es que poco pudo hacer en los seis meses que duró su mandato, pues en los tiempos revueltos que corrían a causa de los marcados movimientos políticos a nivel nacional, con la caída de los monárquicos, del Partido Conservador de Maura del que él era fiel seguidor, y la proclamación de la República, que supuso también su destitución, la actividad se centró en las luchas de ideologías y pocas decisiones se podían tomar. Se cuenta que cuando un grupo de personas tomaron el Ayuntamiento y lanzaron desde el balcón el retrato del Rey Alfonso XIII, que hasta entonces había presidido el Salón de Actos, D. Rafael no pudo contener las lágrimas, y quienes allí estaban, respetaron la expresión de pena por el afecto que sentían hacia el alcalde.

Los eucaliptos del camino del cementerio se plantaron en 1.932 durante el mandato de D. DESIDERIO CARMONA MOYA (14.4.1931-12.1.1933 y 27.9.1933-22.2.1936), y un año antes, en 1931, llegó el cine sonoro a nuestro pueblo, con la película “Ladrón de amor”. En 1.935, la conocida señorita CLARITA PALACIOS fue elegida Miss Murcia, todo un relevante hecho social del momento que congregó a todo el vecindario en el acto de su entrada a la villa, con la Corporación Municipal al frente.

Este alcalde era muy peculiar en sus manifestaciones. Se le atribuye, según la tradición oral, la célebre frase: “Preveo luctuosas efemérides y algaradas de neto sabor anarquizante.  Todo aquel que altere el orden, preso sea. Y ahora disolveos pacíficamente” pronunciada ante un gentío que se personó en la puerta del ayuntamiento para protestar por la subida del precio del pan. La mayor parte de los presentes no entendieron muy bien que querían decir aquellas retóricas palabras, pero sí tuvieron su efecto, pues terminaron marchándose sin mayor alboroto. Sufría una fuerte sordera por lo que siempre andaba con la mano colocada detrás de la oreja para poder escuchar mejor pues, por entonces, no se disponía de aparatos ortopédicos como los actuales. Creó la escuela unitaria de niños del Barrio Colón y fomentó las obras públicas en el municipio para paliar el paro obrero; mandó cambiar el nombre de muchas calles por otros más acordes con la nueva situación política, entre ellos el de la Plaza de la Constitución (la Glorieta) que pasó a llamarse de la República; mejoró la asistencia sanitaria a los pobres; instauró un botiquín de urgencias y un pabellón para tuberculosos en el Hospital de Caridad, e inició la construcción del Cuartel de Carabineros. Impulsó la construcción de un camino vecinal desde la Cuesta el Tío Juan Rabal hasta Pozo la Higuera y la construcción de un Grupo Escolar de 12 grados, entre otras cosas.

Los días 24 y 25 de febrero de 1932 se produjeron alteraciones de orden público, llegando a saquearse comercios de comestibles, como el de D. Juan López Cano, e incluso el despacho de Arbitrios, teniendo que intervenir la Guardia Civil y los Carabineros, para poner fin a los desmanes que tantos daños materiales estaban causando.

Dos hechos luctuosos acaecieron durante su mandato: el fallecimiento (19.9.1935) de D. Severo Montalvo y Córdoba, Comisario Local de los Exploradores de Águilas, cuya labor de formación fue, y ha continuado siendo, tan importante para la juventud de nuestro pueblo, y el de D. Luís Siret, (7.6.1934) arqueólogo e investigador de demostrado amor por Águilas, pueblo al que legó una importante y valiosa colección de sus hallazgos. El grato recuerdo de ambos aún perdura entre los aguileños, por la benefactora labor que realizaron. 

En esos tiempos venía actuando una cofradía conocida como “La Aurora” que por las noches cantaba por las calles del pueblo, hasta que el Ayuntamiento decidió retírales la autorización por considerarla como algo anacrónico.

Acertó el alcalde D. MANUEL MIRAS ESCOBAR (10.4.1933-27.9.1933), al decir desde el balcón del Ayuntamiento, el 25.7.1933, en la arenga dirigida a los seis jóvenes componentes de la Patrulla Expedicionaria “El Tigre” de los Exploradores de Águilas, cuando en el homenaje ofrecido a su regreso de la célebre marcha a pie de 1.000 km por Andalucía, fueron recibidos y aclamados por el pueblo entero, que esa gesta era “digna de ser grabada con letras de oro en los anales de la historia “, pues hoy en día, casi 90 años después, aun se recuerda la hazaña con admiración. Es curioso destacar que, en 1933, contrató por 2.000 pesetas, el servicio de riego con agua del mar de las principales calles de la población durante el verano.

Aunque nacido en Lorca, se instaló en Águilas donde trabajó en el ferrocarril. Persona sencilla, honesta y bondadosa, contaba con amplia cultura. Participó en diferentes aspectos de la vida social y cultural, ejerciendo como presidente del Patronato del Hospital de Caridad, del Casino, de la Hermandad de Labradores, del Consejo de Administración de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia; fue corresponsal de los periódicos madrileños “El Liberal” y “El Sol”, así como de “La Verdad” de Murcia, y fundó los periódicos locales “Vida Aguileña” y “El Boletín Ferroviario”. Con sus escritos colaboró en la fundación del Ateneo de Águilas.

Reflejo de los tiempos que corrían cuando D. JOSÉ FERNÁNDEZ NAVARRO (22.2.1936-22.10.1937) tomó posesión del cargo, nos da una idea el hecho de que se suprimió la fiesta del Viernes de Dolores y se prohibió terminantemente el toque de campanas y “las manifestaciones religiosas con el pretexto de acompañar a los Santos Sacramentos”, quedando exceptuada la campana del reloj. Además, se impuso un impuesto especial a los entierros católicos.

D. Manuel Arranz y D. Máximo Giménez solicitaron licencia, que les fue concedida, para abrir un cine al aire libre en la plaza de Robles Vives, como también se autorizó a D. Vicente Peñuela a instalar una plaza de toros portátil de madera en la Explanada del Muelle. En abril del 36, se aprobó el asfaltado de las calles principales de la población y la reparación de la carretera de Águilas a Caravaca.

Las marcadas discrepancias de ideología política, con la Guerra Civil en plena contienda, ocasionaban situaciones como la ocurrida con la Comadrona Municipal, Dª Estefanía Litrán, que fue destituida de su cargo por “manifestar desafecto al régimen legítimamente constituido”.

El 5 de marzo de 1937, se dio entierro a D. Luís Prieto Jiménez, aguileño, Diputado a Cortes, fallecido en accidente de tráfico, acto que reunió a una gran multitud, pues era personaje muy querido entre sus paisanos.

 

 

Es en mayo del 37, cuando, ante las dificultades de abastecimiento a la población como consecuencia de la Guerra, el Ayuntamiento puso en marcha la tarjeta de racionamiento familiar, y emitió moneda local de 1 peseta, 50 y 25 céntimos por la carestía de moneda fraccionaria en plata y calderilla. Antes, a principios de ese año de 1937, este alcalde se había visto envuelto en una delicada situación al hacer frente enérgicamente a un grupo de desalmados, que llegaron desde Cartagena en un buque de guerra, para llevarse a varios monárquicos, simpatizantes del “bando azul”, que se encontraban detenidos en “la fábrica de jabón”, con intención de arrojarlos al mar.

 

Un aguileño, con altas responsabilidades en el “bando rojo”, que se encontraba de permiso en Águilas por haber dado a luz su señora, al tener noticias de lo que estaba ocurriendo, se personó en el despacho de la alcaldía e hizo valer su graduación para ordenar a las fuerzas desembarcadas que, bajo su responsabilidad, regresaran a Cartagena, dejando en Águilas a los detenidos, salvándoles así de una muerte segura. Y es que, en Águilas, merced a la templanza y valor cívico de sus gentes, no se produjo el baño de sangre que ocurrió en otros lugares, sobre todo, al inicio de la contienda.

También se cuenta del buen talante de D. José Fernández, en una de las versiones que hay sobre el hecho, que custodió personalmente el traslado, junto al jefe de la Policía Municipal, D. Jacinto Buitrago, la imagen de la Virgen de los Dolores, hasta la casa del pescador “el Largo Gabarrón” bajo cuya secreta custodia permaneció durante la guerra, salvándola de ser destruida como ocurrió con otras imágenes y objetos de culto.

En plena Guerra Civil, 20 octubre 1937, D. RAFAEL CARRILLO PERNÍAS, se hizo cargo del Ayuntamiento como presidente del Consejo Municipal, denominación que sustituyó a la de alcalde durante la contienda. Tiempos muy difíciles, de muchas calamidades, intrigas y detenciones, siendo la falta de alimentos una de las principales necesidades de la población, lo que ocasionó varias manifestaciones tumultuarias contra el Consejo Municipal, que hubo de adoptar medidas, como la intervención de la pesca y municipalización de determinadas industrias y servicios, para una mejor distribución de los alimentos. 

Bajo su mandato se construyeron varios refugios antiaéreos que ayudaron a la población a protegerse de los dos bombardeos que sufrió Águilas y que causaron 40 muertos entre la población civil.Finalizada la contienda, el 13 de abril de 1939, tomó posesión D. JOSÉ GONZALEZ JIMÉNEZ.

No es ningún secreto que hubo un tiempo en el que se nos tachaba a todos los aguileños de “lagañosos”, y esto viene del problema endémico que supuso la “tracoma” en nuestro pueblo durante años, y que llevó a este alcalde a instalar en 1.940, en Conde de Aranda, un ambulatorio especializado en la lucha contra dicho mal, bajo la dirección del prestigioso Dr. D. Félix Belzunce. Cabe destacar que, durante ese tiempo, todos los guardias civiles y militares afectados de tracoma eran destinados a Águilas, pues se suponía que las aguas de este pueblo, con alto contenido en azufre, era bueno para combatirlo. Hasta los alrededores de los años 60, hubo una escuela en el Pie Castillo exclusiva para niños afectados. Pero eso ya pasó.

La reparación y adecuación del puerto, fue objeto de constante preocupación de este alcalde, y fueron numerosas las gestiones que realizó en ese sentido, ante la Compañía del Puerto de Águilas, concesionaria de este.

D. FRANCISCO MARTÍNEZ ROSTÁN, fue designado alcalde el 30 de agosto de 1940. Una de sus primeras actuaciones fue la reorganización de los estamentos municipales, para lo que creó varias delegaciones, como la de Beneficencia y Sanidad, Agua, Plaza y Cementerio, y Policía Urbana, al tiempo que impuso unas normas severas, encaminadas a mejorar la muy precaria situación económica del Ayuntamiento, tales como la supresión de gastos no imprescindibles y el estímulo económico a los funcionaros de arbitrios municipales por la aprehensión de alijos de estraperlo tan frecuente en la época. Gestionó la adquisición de nuevas imágenes de San Francisco de Asís y del Corazón de Jesús en sustitución de las destruidas durante la Guerra Civil.

La reorganización de la Banda Municipal de Música fue otro de sus logros, poniendo al frente de ella al admirado maestro D. Adolfo Olivares Soto. La lucha por la recuperación del puerto, que se encontraba en estado de abandono total, fue una de sus preocupaciones principales.

Una fuerte epidemia de tifus afectó a numerosos vecinos de la localidad, agravando aún más la difícil situación económica del municipio, lo que se tradujo en una falta de ingresos para el Ayuntamiento que motivó la necesidad de tener que acudir en demanda de ayuda a poderes públicos superiores, que respondieron generosamente. En agosto de 1941, el recordado sacerdote D. Antonio Sánchez Bernabé, se hizo cargo de la parroquia de San José.

 


AUTOR: Vicente Sicilia Tárraga