El juego del ego

Calderón de la Barca apuntaba a que la vida no era sino un sueño. Nosotros, como animales políticos - como diría Aristóteles - siento que más que en un sueño, estamos inmersos en un enorme juego.  Estamos jugando a vivir. La vida está esperando a ser vivida, pero nos empeñamos en perder el tiempo jugando a vivir. En lugar de disfrutar de las pequeñas cosas o en aquello que nos brinda la naturaleza, nos empeñamos en entrar en la espiral de nuestro propio ego.

Nuestro juego social es un juego de roles basados todos en nuestra inseguridad personal, en una constante búsqueda de un ego que es intangible. Esto quiere decir, que nuestra autopercepción está basada en cómo nos perciban los demás.

Para corregirlo, es necesario hacer un viaje introspectivo hacia nosotros mismos (preferiblemente en un entorno natural). Nos hallemos humildemente de cara a afrontar las situaciones que nos vengan dadas en la vida. De tal forma que todo deje de importar salvo nuestra propia paz. Cualquier problema o desavenencia inesperada es capaz de fluir ante nosotros siempre y cuando conservemos un lugar recóndito dentro de nosotros mismos para mantenernos serenos.

Todo lo demás, sencillamente dejamos que suceda. Y es ahí cuando nos damos cuenta de que no tenemos las riendas de este carro que avanza desbocado. Tan sólo hay que preocuparse de aquello que realmente es nuestro: nosotros mismos. Lo que no ha salido del vientre de nuestra madre en nuestro nacimiento, tan sólo nos ha sido prestado y nunca llega a pertenecernos.

Por ello, ante cualquier circunstancia, es necesario que nuestra cabeza esté serena para ser capaces de “levantarnos de la mesa de negociación”. Esto sólo ocurre cuando nos importamos más a nosotros mismos que todo aquello que se debata. Es el llamado “nosce te ipsum”, lo que nos hace evolucionar como personas que se autoperciben como un todo. Sabiendo así hasta dónde llegan nuestras responsabilidades.

La mayoría de nuestros problemas, resulta que no son nuestros problemas. Sino que son piedras que hemos ido recogiendo por el camino pero tan sólo pertenecen al propio camino. Podemos soltarlas en cuanto seamos conscientes de que realmente podemos soltarlas. Quizás, el recoger esas piedras, sea nuestra forma de despejar el camino. A nosotros, o a los demás. Pero lo cierto es que no han desaparecido. Están en tu mochila personal.

El juego social no es otra cosa sino a ver quién carga con más piedras. Quién ha hecho la peor mili. Quién es el que más responsabilidades es capaz de sobrellevar. Quién es el que aguanta más en la lucha diaria de no llegar a ninguna parte porque se está sosteniendo una situación financiera que no se sostendría sin ese esfuerzo inhumano diario.

Según la mitología griega, Zeus castigó a Atlas para que fuese el titán que sostuviese el mundo. ¿Hizo algo más Atlas? Qué más iba a hacer, si estaba ocupado sosteniendo la bóveda celeste. Nos queda mucho que aprender sobre la mitología.

En los cargos de una empresa podemos ver esta lucha de egos que no conducen sino al exceso de poder. Pero más acusado lo podemos encontrar en los cargos de representación pública. Ya que no es necesario que sean gente preparada, sino que haya muchas personas que les hayan votado por guapos o por mentirosos. Al no haber probado el sabor de la amargura del conocimiento, tan sólo se encuentran a sí mismos a través de su propio espejo. Un espejo grande donde sólo cabe una persona. Un espejo que deforma la realidad. Cuanto mayor es el cargo o la autopercepción del mismo, más nos deforma ese espejo por el que nos miramos.

Lo más normal es que se queden con ese espejo aunque ya no ostenten dicho cargo. Les ha gustado el reflejo por muy deformado o desfasado que esté. También les ocurre a las “viejas glorias” que fueron en su día reconocidos pero ya no serían capaces de igualar tal influencia. Es muy difícil alertar a una persona cercana que su percepción no corresponde con lo que realmente es (o no es). Ya que puede sentirse atacado; o peor aún, podemos romperle el espejo.

Pero entonces…¿dónde hallaremos nuestro verdadero espejo para autopercibirnos de alguna manera?

El espejo al que debemos mirarnos se parece más al reflejo del agua al mirarlo frente a frente. El agua que refleja lo que somos, entre las arrugas del oleaje y la calma de la marea baja. Donde nos apaciguamos y donde nos debemos encontrar. En nosotros mismos.

Pero hay un espejo al que debemos acudir si realmente queremos sacar algo provechoso de las relaciones interpersonales. Ya sea desde un cargo de representación, de un puesto de mando en una empresa o en nuestra propia vida personal. El mejor espejo para vernos, es el espejo del otro (a quien nos vayamos a dirigir).

Nunca sabremos lo que ocurre en su cabeza ni las vivencias que haya tenido para estar donde está o para coincidir con nosotros en la vida. Pero aunque el conocimiento de las personas que nos rodean sea una tarea del día a día, nos podemos adelantar a mirarnos en su espejo.

No me estoy refiriendo a pensar en “el qué dirán”, sino observar sus zapatos. Pero ya no los suyos, porque no es preciso juzgar. Sino los nuestros a través de los suyos. Por eso trato sobre el espejo, pero sin ser el nuestro. Nuestra autopercepción desde el punto de vista del que vamos a tratar. Es más complejo de lo que parece y merece una reflexión sin ser tratado a la ligera.

Quizás sea nuestro mejor ejercicio de humildad para poder empatizar con esa persona a la hora de dialogar y mejorar como personas. Partiendo de la base de que somos personas que sólo juegan a vivir.


AUTOR: Francisco J. Gordo