Vidas asintomáticas

Un fantasma recorre mi mente. Una imagen lejana que yacía enterrada bajo el tenue manto del olvido, ha vuelto como un desgarro. Si se puede estar contento siendo infeliz, significa que se puede ser feliz aún creyendo que no todo gira como quisiéramos.

No existe la felicidad salvo en el recuerdo, incluso de cuando pensábamos que no lo éramos, pero lo éramos. En el hoy no existe la felicidad mientras nos preocupe el constante mañana. Pero mañana recordaremos la felicidad de ayer que tampoco supimos aprovechar.

Anoche te volví a sentir en sueños. Las estrellas, celosas, nos miraban pasar. Una sombra te seguía, pero no era tu sombra sino la imagen que despertaste en mí. Desde entonces camino siempre bajo la luz de una vela que alimento con tal de no entrar de nuevo en las tinieblas, mis tinieblas.

Nada más en la vida importa salvo lo imperecedero, lo que es único de cada persona. El coche nuevo en unos años se ha averiado. La casa con piscina se acaba vendiendo. Y el ciclo del dinero le presupone inservible si se guarda en un cajón; por lo que el que más tiene, de menos le vale.

Sólo importa la esencia personal, tus valores, tú capacidad característica sólo a ti que te permita sacar agua en el desierto. El empuje que evite estar a merced de las inclemencias y del sistema que nos atormenta por la incertidumbre y la ansiedad del día a día.

Volvamos a los pueblos, revirtamos el camino de las urbes. Se acabó el proceso fabril. Conectemos con el entorno que nos rodea. Seamos exportadores de energías renovables. Huyamos de los seguidores, de las  apariencias, de las posesiones, del que nos embauca y el que nos promete justo lo que no tenemos. "El que es amigo de todo el mundo, no es amigo." (Aristóteles)

Huyamos, pero huyamos juntos. Eso no es la vida. La vida es otra cosa. Es urgente. Nos estamos matando. La madre patria, tan criticada, es donde reposo mi cabeza y estoy en paz, aunque sea en tu regazo. Mis hermanos son los que comparten la cadena de montaje; los que comparten mi suerte. Y la familia son los que dejan todo para ayudarse, aunque no compartamos sangre (hemos sangrado juntos). Cada uno que contribuya esa "piña" como mejor sepa, quiera o pueda. No existen las presiones, los estereotipos ni los parámetros preestablecidos. Toda acción es buena si se realiza desde la bondad.

"La peor epidemia no es biológica, sino moral" (Albert Camús)

Hacen falta valores, valores de peso. Estando lejos de lo que nos marca la sociedad es donde creceremos sanos. Sólo cuando nos despojamos de la chirriante y engalanada armadura de ego, es cuando realmente nos encontramos. Somos vulnerables sin la armadura, estamos desnudos, pero sólo así se llega al punto. El punto de fricción del embrague que es la vida.

"Hemos ido hacia afuera y en todas direcciones, en lugar de entrar en uno mismo, donde ha de resolverse cualquier enigma." (Arthur Schopenhauer)

Escuchemos el murmullo del agua al correr, asentemos la cabeza entre la firme piedra de la montaña y la inestable arena de la playa; y si el oleaje es fuerte, aprenderemos a surfear las olas.

Quizás es la pandemia, pero es triste cómo han pasado ya casi dos años y parece como si no hubiesen existido nunca. Ya nada es como antes, o eso parece. Ya no quiero planes de futuro. Quiero planes de presente. Yo, pero también conmigo, que no siempre fue así. Tú cabes siempre, pero si no te nace, no voy a insistir.

No pertenecemos a ningún lugar ni a ninguna persona ajena a uno mismo. Todo lo demás deberá ser un acto de libertad. Libertad diaria. Libertad a cada instante. Igual que un río erosiona la montaña formando pequeños meandros que con el tiempo acaban siendo enormes hoces sin que la roca se percate apenas de que todo fluye poco a poco.

Busquemos el término medio entre la locura y el raciocinio, porque como decía Bukowski:

"Hay quienes pierden la mente por completo para ser alma: locos.

Hay quienes pierden el alma por completo para ser mente: intelectuales.

Hay quienes pierden ambos para ser: aceptados"

El olvido es la única muerte que conozco. Todos necesitamos más vidas, porque se las hemos cedido a quienes tienen más de una. Cada día que no lo recuerdas, es como el dinero guardado en caja manteniendo la vida austera, al final es como si no existiera.

Cuando despiertes de este estado entre el sueño y la vigila, recuerda: Si al cerrar los ojos me vuelves a ver, si volvemos a bailar sin música; aunque sólo sea en ese instante, acaríciame en sueños.


AUTOR: Francisco J. Gordo