Historias del Ferrocarril Lorca / Baza / Águilas (IV)

Solución al problema del agua y nombramientos

Entre Zurgena y Águilas las dificultades de suministro de agua de buena calidad eran mayores, pues se trataba de un trayecto en donde, no solo no existían corrientes de agua en superficie, sino que los pequeños nacimientos que había, uno en Huercal-Overa y otro en Jaravía,  eran de aguas calificadas como  “las peores entre las más malas”,  con endémica ausencia de lluvia, y que cuando ésta se hacía presente, lo solía hacer con fuerza y en poco tiempo, de manera que las ramblas y escorrentías se convertían en verdaderos ríos desbordados que arrasan cuanto encuentran a su paso, como ocurrió en junio de 1900 que se llevó por delante el puente de 80 m de largo y 5 de alto construido sobre la rambla de Albox, además de que, con frecuencia, se producían cortes de circulación durante días por inundarse la vía en diferentes puntos, todo lo cual causaba graves perjuicios. A todo esto había que unir que, al llover de forma virulenta, el agua corre veloz hacia el mar y no se producen encharcamientos, ni por tanto filtraciones, por lo que hubo de descartarse las posibilidades de aplicar la misma teoría que la de la zona del río Bacares, es decir, prospecciones a corta distancia del río.

La única solución pareció ser apostar por la depuración del agua del mar en Águilas, un método de tanta actualidad, y de tanto debate mediático hoy en día, pero que hace más de cien años se ya se puso en marcha en Águilas. Para ello se hizo traer desde Inglaterra el modelo  más  moderno y de mayor capacidad del momento, una “MIRRLESS WATSON de seis efectos” capaz de producir 120 m3 de agua diariamente, a razón de 35 m3 de agua por cada tonelada de carbón consumida, es decir, unos 43.800 m3 al año, o sea, 0,43 hm3 – la actual desaladora Águilas/Guadalentín, tiene capacidad para 180.000m3 al día, unos 65 hm3.

Este prodigio de “destiladora” se instaló junto a los talleres de la estación de Águilas, hasta donde se hacía llegar el agua tomada en la playa de las proximidades. Había sido desembarcada en el puerto de Águilas el 22 de noviembre de 1910, traída en el vapor “Tambre” y con ella Mr. Wood, el mecánico encargado de su instalación. El 3 de marzo de 1911, se efectuó la primera prueba, que resultó sin éxito. Poco después llegó un nuevo ingeniero de la casa, Mr. Davie, quién sí obtuvo éxito, y el 1 de junio se puso en marcha definitivamente. Un logro más de Mr. Gillman, quien durante todo el tiempo de su gestión dio sobradas muestras de inteligencia, tesón y empeño por hacer bien las cosas.

Con la puesta en servicio de la desaladora en la estación de Águilas, y la llegada del agua de Tíjola a la de Zurgena, el 24 de agosto de 1911 se dio por asegurado el suministro a la Cía. de agua de mejor calidad en ambas zonas. Años más tarde, en 1955, la llegada del agua del Taibilla a Lorca, permitió que se organizaran convoyes compuestos por vagones cisternas que suministraban esa agua de magnífica calidad a los depósitos de las diferentes estaciones. A la de Águilas llegaba diariamente sobre las 11 horas, el llamado “tren del agua” conocido también como “el aguadas”, y era frecuente que familiares del personal de RENFE acudiesen a él provistos de la correspondiente damajuana para abastecer su domicilio. El regreso a Lorca lo hacía a media tarde, y en una ocasión se dio una circunstancia que pudo ser luctuosa, pero que gracias a la pericia del maquinista D. Jesús Martínez, solo quedó en un susto. Una de esas tardes cuando el “tren del agua” regresaba desde Águilas a Lorca, al entrar en el “túnel largo”, entre Jaravía y Pulpí, a D. Jesús le pareció ver una tenue luz que también se disponía a acceder a él, pero en sentido contrario, procedente de Pulpí, y ante la duda, accionó potentemente los frenos e hizo pitar la maquina con insistencia, lo que llamó la atención del maquinista de la otra unidad, que reaccionó de igual modo, y entre ambos lograron que sus unidades se detuvieran a tiempo, llegando a quedar a escasos metros la una de la otra dentro del túnel, evitando así lo que, sin lugar a dudas, hubiese significado una desgracia de gran magnitud, pues el otro convoy se trataba de un tren de pasajeros al que se le había dado por error salida desde Pulpí, sin esperar a que hubiese pasado por dicha estación el “tren del agua”.

NOMBRAMIENTOS

Cinco fueron los Directores Generales que tuvo la Compañía desde su puesta en marcha, hasta su absorción por la “Cía. de Ferrocarriles de Madrid-Zaragoza-Alicante”;           

            Mr. Neil Kennedy, 1.890 – 1.895

            Mr. Henry A. Purdon,   1.895 – 1.897

            Mr. Gustavo Gillman, 1.897 – 1.911

            Mr. Ambrosio W. Jones, 1.911 – 1.913

            Mr. Jorge Lee Boag, 1.913 – 1.936

El 6 de julio de 1911, Mr. Gillman dejaba Águilas para marchar a Londres a tomar posesión de su nuevo cargo de Consejero, siendo sustituido por Mr. Ambrosio P. S. Jones como Director General de la Compañía.

Un acontecimiento curioso destacable de la época, fue la llegada al puerto, el 21 de noviembre de ese mismo año de 1911, del lujoso yate “Jeannette” propiedad de Mr. Harry Livesey, Ingeniero Consultor de la Cía. en el que se desplazó hasta Águilas para, desde aquí, inspeccionar toda la línea, hecho que suscitó la curiosidad y admiración de las gentes del pueblo que nunca antes habían visto barco de recreo tan hermoso.

Mr. Jones estuvo poco tiempo en el cargo del que hubo de dimitir por no convenir el clima de Águilas a su familia, y fue nombrado el 9 de febrero de 1913 para sucederle, Mr. Jorge L. Boag que hasta entonces ocupaba el de Sub-Director, y de quien ya hemos dicho es persona de grato recuerdo en la memoria de los aguileños.

En 1.912, mismo año en que se instaló en los Talleres por primera vez una central eléctrica que supuso un gran acontecimiento, al tiempo que una notable mejora y ahorro económico, se construyó la casa del Director de la Compañía, la que hoy conocemos como “Huerto de D. Jorge”, en la que vivió Mr. Boag durante su estancia en Águilas hasta 1936, y que más tarde albergó el “Centro Cultural de RENFE” durante años. Hoy es una zona deportiva dependiente del ayuntamiento.

En 1913,  Mr. Boag inició una reorganización de los cargos al frente de los diversos servicios.  Entre otros, realizó el nombramiento de D. Pedro Sicilia Vitria (abuelo del autor de este trabajo) como Secretario de Dirección, cargo que ejerció durante todo el mandato de D. Jorge, al tiempo que, dado que el tráfico, y con él las reclamaciones y contenciosos, había adquirido gran importancia, decidió crear el Servicio Comercial, y puso al frente del mismo el 1 de noviembre de dicho año, a D. Miguel Lloret, persona culta y destacada. Esta reorganización, y los cambios efectuados, redundaron en una mayor eficiencia que reactivó la línea. Los nombres de quienes ocupaban los cargos más significativos de la línea en esos momentos (Jefes de Estación, de Departamento, etc.), y entre los que es posible que algún lector pueda identificar a un antepasado suyo, figuran al pie de este artículo.

En junio de 1925, tras alcanzar el nº 2 de la oposición a Auxiliar, se incorporó a las Oficinas Centrales de la Compañía, D. Pedro Sicilia Martí, padre del autor de este trabajo.

También durante el mandato de D. Jorge, y como prolongación al Ramal Almendricos – Águilas, se revitalizó el proyectó de un trazado ferroviario de vía ancha que uniera ésta localidad con Cartagena, pasando por Mazarrón (R.D. del 26.07.1928).  Aun cuando se llegaron a realizar buena parte de los trabajos de explanación, puentes y otros, nunca se acabó la construcción de dicho trazado.

Mr. Boag, era muy aficionado al tenis, deporte que difundió en la zona, y, aunque poco se hable de ello, a él se debe que, al igual que ocurrió con el futbol, Águilas fuese una de las ciudades pioneras por las que se introdujo este deporte en España.

Su preocupación por el bienestar y el progreso de los empleados, así como de las condiciones de trabajo, le llevó a implantar una serie de medidas de seguridad y formación innovadoras en su momento, que le proporcionaron algunos calentamientos de cabeza entre sus colegas y otros dirigentes locales, pero a la vez le reportó el reconocimiento y la gratitud de sus subordinados, que le manifestaron su agradecimiento en una placa de plata que le fue entregada por éstos en enero de 1918, año de infausto recuerdo por ser el de la “gripe española”, temible pandemia que causó cerca de 100 millones de muertes en todo el mundo, y que contra las consecuencias de la misma en nuestra zona, D. Jorge, realizó una destacada labor de ayuda humanitaria que le valió la concesión de la Cruz de Beneficencia, a solicitud de todo el pueblo de Águilas, otorgándosele por R.O. del 10 de marzo de 1927. Meses después le fue entregada por el alcalde, D. Carlos Marín Menú, en un acto en el que estuvieron presentes los más destacados dirigentes de la Cía., tal y como se aprecia en la fotografia que figura al pie de este artículo, entre los que podemos identificar a los señores: Lewis Lowenthal (Jefe de Contabilidad), Miguel Lloret (Director Comercial), Alejandro Santamaría (Jefe del Servicio Sanitario), Pedro Sicilia Vitria, de traje blanco,  (Secretario de Dirección) y otros, junto a la señorita Bagshaw, (mecanógrafa), y al propio D. Jorge Boag al que se le ve luciendo la distinción en su solapa. D. Jorge, dejó huella entre los aguileños.


AUTOR: Vicente Sicilia Tárraga