Cascada de sentimientos

Pisa fuerte el acelerador de la vida, no te aferres a ella. El motor ya alcanzó los ciento cuarenta latidos por segundo. El camino será, a veces, hermoso y otras arduo, pero habrá merecido la pena vivir sin miedos, respirar cada segundo, ahogar las tristezas, sucumbir ante el desaliento para despertar con un sol radiante que no quema, que hace latir al corazón cansado, hastiado de falsedades, de autoengaños.

Llena la copa de esa vida y brinda por los buenos e inesperados momentos que se volatilizarán en el tiempo, que insiste en jugar con nosotros a su antojo, con sus incomprensibles caprichos.

Ya no necesito nada y lo necesito todo, todo lo sencillo, todo lo inmaterial, todo el amor que hay en un gesto amable y sincero, pero la ausencia quema como un coloso en llamas. Hay que aprender, aceptar y, si la lucha se vuelve feroz, con una sonrisa querer amar en todas sus vertientes para desembocar en un mar en calma, nunca bravío, y así que no naufraguen los buenos sentimientos, que son los que ennoblecen al ser humano, sin distinciones de género porque la bondad no entiende de eso.

Permanecer no es el destino, huir tampoco. Por ti seguiré mis pasos, como tú lo hiciste, con tus enseñanzas y tus valores y las cascadas de sentimientos, que albergue, bajarán cargadas de fuerza, de ímpetu, aunque de no tanta sabiduría como la tuya.

Aldous Huxley expresó: “La vida es una marioneta del tiempo en la medida en que cambia a cada instante, cambia el mundo interior y el exterior de forma que no somos los mismos dos instantes seguidos”.

Hagamos nuestras las palabras de Nicholas Sparks: “La emoción que puede romper tu corazón es a veces la misma que lo sana”.

Seguir adelante adherido a la cuerda de la vida que, a veces, parece que va a romperse, como en estos momento históricos que nos ha tocado vivir, y crear eslabones fuertes que conduzcan a una salida triunfante, aunque digan que lo importante es el camino, también lo es el objetivo que cada uno se proponga para alcanzar la meta, con plenitud, y sentir que con ritmo pausado o veloz, según los obstáculos encontrados, que la vida, en todas sus vertientes, merece la pena vivirla por los que se fueron y por los que se quedan. Por mi trabajo, veo bastantes casos, y más con la situación actual, que quieren poner fin a su deambular, pero deben confiar en que hay luz tras los cristales opacos porque siempre hay un alma buena dispuesta a prestar ayuda. Lo que hay es que buscarla. En la mente está el poder, como es el caso de Stephen Hawking, por mencionar a alguno, un poder estimulante, exento de lo superfluo.


AUTOR: Lola Benítez Molina