En tierra de nadie

Una vez más, las bibliotecas vuelven a ser el epicentro del diálogo y de la reflexión conjunta. En mi caso, he tenido la ocasión de asistir virtualmente a una charla-debate sobre la situación política actual (siendo la Biblioteca de Oviedo la anfitriona, de la mano de un lujoso tándem de politólogos ovetenses, Carlos Gil de Gómez y Mª del Mar Imaz.

Todo ello, además de ser de aplaudir, suscita sin duda un volcán de opiniones al respecto, y no es para menos, ya que todos tenemos una opinión como animales políticos que somos (como diría Aristóteles).

Por más que en ciertos momentos nos enmascaremos en un talante centrista y bienqueda para obtener la validación social (ya sea para ser más profesional en el trabajo sin mezclar ciertos temas, o a nivel comercial parar no restarse clientela), en realidad todos tenemos una opinión muy definida. No existe la equidistancia a la hora de tomar una decisión.

¿La tortilla con cebolla o sin cebolla? (la duda ofende, échale ahí hasta que me lloren los ojos)

No se puede contentar a todos a la hora de gobernar o tomar decisiones. El producto democrático que somos a la hora de tener diferentes criterios, nos condiciona a estar siempre en desacuerdo. Eso no tiene por qué ser malo, puede haber diferencia de criterios y que unas veces cedan unos y otras veces otros. O incluso, hay fórmulas para contentar mínimamente a todos a través de un sucedáneo que no satisfaga a nadie.

El problema político, viene cuando los propios políticos acaban adoptando esa conducta pasiva frente a la administración pública. Lo cual es entendible que lo haga el frutero de la esquina para no ahuyentar clientes. Pero no debería haber cabida en el panorama político.

He ahí la cuestión, los políticos de centro, el centrismo que llega a todas partes. El “Ñapas” que le hace un apaño a una medida social, que al final sólo es un parche porque se ha tenido que flexibilizar en favor del consenso. En favor del comercio de votos, para no ahuyentar a la clientela.

La existencia de los partidos de centro es sólo el producto de la necesidad de algunos de acaparar el hueco de la bisagra. El que realmente es valorado, es el que puede ir hacia un lado o hacia otro. A veces por consenso, otras veces por dinero. La bisagra, por lo tanto, es la veleta que sea capaz de ondear sin criterio a ver qué opción le hace ganar más votos en la siguiente legislatura.

Lo cual nos lleva a plantear que los partidos que hoy pretenden acaparar votos como sea; siendo sensacionalistas, vendiendo el humo que más te guste, haciendo uso de la demagogia más barata...acabarán siendo los siguientes partidos de centro dentro de unos años.

Independientemente del pie que cojeen. Corren el riesgo de acabar relegados a ser partidos que sólo estén ahí para conformar mayorías entre las minorías. Qué fácil es prometer el cielo cuando no se tienen los pies en la tierra.

Al final, todo el que utilice la administración pública con fines partidistas en una especie de precampaña constante, no sólo denota una escasa autovaloración de sí mismos. Que quieren ser validados constantemente, sino que acabarán ocupando el centro político del mañana.

Y para muestra, la soflama socialista de un Felipe González de puño en alto. Para el centrismo al que ha acabado relegado a nivel nacional. Quizás por sobrevivir en un hemiciclo donde está permitido adelantarse por izquierda y derecha.

Desde la presidencia de la nación hasta el sillón más austero de cualquier alcaldía en la meseta vaciada, el propio Miguel de Cervantes tiene una frase lapidaria en la voz de maese Pedro, en el Quijote, que dice:

“Llaneza, muchacho, no te encumbres, que toda afectación es mala.”

Lo cual nos demuestra que sea cual sea nuestro lugar en la sociedad; al ser la sociedad cambiante, el puesto de cada persona en ella también cambiará antes o después. Sólo nos queda procurar abarcar la mayor capacidad de lectura crítica de los medios. Leer y escuchar con escepticismo al que pretenda regalarnos unos zapatos que no nos aprieten a cambio de un voto. Sospechemos tanto del que señala al causante de nuestros problemas como el que se victimiza o se excusa en ellos.

Recordemos que el propio Hitler fue votado por la sociedad del momento. Apelemos al programa, donde venga lo necesario en lugar de lo tendencioso. En estas elecciones, y en las siguientes, vota (o no) con criterio.

 

Francisco J. Gordo


AUTOR: Francisco J. Gordo