La importancia del Trabajo Social

Hasta hace aproximadamente tres años, no tenía muy claro cuál quería que fuese mi futura profesión. Siempre me llamó enormemente la atención todo lo relacionado con el cuidado, las personas, el medio ambiente, la defensa de los derechos fundamentales, pero desconocía cuál quería que finalmente fuese esa vertiente académica que necesitaba compartir y afianzar tras varios años de aprendizaje.

Se abría ante mí la posibilidad de comenzar una formación universitaria. Una carrera de fondo tras varios años desempeñando un cargo en una conocida asociación aguileña, desplegándose ante mí una amplia gama de oportunidades traducidas en disciplinas y materias que me interesaban y de las que podría sacar beneficio en un futuro.

Estuve consultándolo con colegas, familiares y leyendo mucho sobre ello en blogs y páginas web y al reunir toda aquella información tan valiosa tuve muy claro que finalmente acabaría decantándome por algo vinculado a lo social.

Eché la preinscripción en dos carreras complementarias a la par que necesarias: educación y trabajo social. Siempre me ha acompañado el deseo de poder dedicarme a la docencia y consideraba que la educación social era una oportunidad excepcional de poder desempeñar dicha profesión a la vez que poder dedicarme a formar a personas con capacidades diferentes y necesarias, capaces de enriquecer a la sociedad, y sobre todo poder enriquecerme a mí. Educación Social es una carrera tan bonita y necesaria… Sin embargo, una buena amiga que es trabajadora social, en una improvisada reunión cerca de la facultad de Derecho, me habló de todos los entresijos de su profesión, de las personas tan fantásticas que había conocido, de cuáles eran las verdaderas motivaciones y objetivo de ella como trabajadora social y poco a poco fue desmontándome mitos que me había creado en torno al Trabajo Social.

“No se limita meramente a operar y gestionar con los recursos existentes, trata de motivar un cambio social a través del emprendimiento y el trabajo cooperativo y multidisciplinar en un ambiente profesional idóneo a las necesidades sociales”. Ante esas palabras recuerdo mi asombro, y la atiborré de preguntas ante las cuales siempre tenía una respuesta con una amplia sonrisa en su rostro. A raíz de ahí, me puse en contacto con otros colegas y profesionales dedicados al Trabajo Social que me facilitaron apuntes y me dieron toda la información que necesitaba al respecto.

A los pocos meses me aceptaron en Trabajo Social que terminó siendo mi primera y única opción.

“Pero tiene estadística, ¡y yo soy bastante negado con los números!, además mi bachillerato fue el de Humanidades y recomiendan haber cursado el bachillerato de Ciencias Sociales para poder superar satisfactoriamente la formación”, trataba de justificar ante la atónita mirada de mi marido y de mi amiga. “Lo realmente importante es proponérselo y amar la que será tu futura profesión” me cortó enseguida mi amiga.

Y así fue. Tres años después, me quedan simplemente las prácticas profesionales y la obtención del certificado del idioma para ser oficialmente trabajador social, aquella profesión a la que escogí y de la que me siento plenamente enamorado desde el primer día que pisé la facultad. Tres años por haber cursado un ciclo formativo superior que me ha permitido convalidar alguna de las asignaturas. Tres años de esfuerzo y sacrificio que me han llenado de oportunidades y de motivación hacia el aprendizaje posterior.

Los trabajadores sociales se caracterizan por agentes de cambio social que promueven situaciones de interacción, dinamismo y satisfacción social a través de actuaciones a nivel individual, grupal y comunitario. No son asistentes sociales ni médicos sociales, sino profesionales capaces de actuar sobre las necesidades en torno a un diagnóstico previo, enfatizando en diferentes niveles de análisis y facilitando una evaluación a través de los diferentes estadios de intervención social. No nos basamos meramente en la educación y todo lo que ello conlleva, ni tampoco realizamos un estudio previo detallado de todos aquellos factores históricos y culturales previos que llevan a las personas a ser atendidas, evidentemente empleamos esos datos y evidenciamos la visión etnocéntrica de las distintas sociedades (así como la observación participante, ambas técnicas empleadas en Sociología); llevamos un estudio minucioso y personalizado de todas aquellas causas que pueden causar situaciones de desventaja social e incluso tratamos de paliar aquellas particularidades personales derivadas de una situación concreta, como podría ser actualmente la existencia del coronavirus, que tienen su reflejo en el entorno social.

La visión de ser personas encargadas de gestionar recursos y ayudas sociales, así como de “quitar niños a los padres” no ha hecho sino empobrecer la visión de los trabajadores sociales, al igual que proporcionar una formación que en ocasiones obstaculiza la propia percepción de futuro de los estudiantes de Trabajo Social. Actualmente, existe una visión generalizada de que los trabajadores sociales no pueden adquirir el rol de terapeutas y que en ocasiones, desempeñan funciones que corresponden a otras figuras como psicólogos o educadores sociales. El intrusismo profesional existe como en tantas profesiones, pero no depende tanto de la disciplina, sino de la persona y el propio desconocimiento que tenga sobre el ejercicio de su profesión.

Es necesario no solo el amplio conocimiento de lo que es el Trabajo Social, sino que sea tratado con los términos adecuados “no somos asistentes sociales, ni monitores asistenciales” y que en el camino de la formación se materialice mucha mayor práctica que realmente enriquecerá la visión del alumnado. No olvidemos que es una disciplina eminentemente práctica, y por ello, precisa de una mayor presencia formativa práctica no sólo en el último año de carrera.

Los profesionales del Trabajo Social necesitan formar en materias especificas del grado, y aunque debe nutrirse con la presencia de psicólogos, educadores sociales, sociólogos y abogados entre otros, debe primar la esencia de la formación en base a la labor de los propios trabajadores sociales.

Porque es más necesario que nunca entender la ayuda a las personas como una obligación más que como un privilegio, estudiando previamente el caso y las necesidades reales que se deben cubrir.

Porque es fundamental una mayor visibilización de los profesionales del Trabajo Social y por ende, un reconocimiento a su labor en situaciones complicadas, ya que son uno de los pilares básicos de nuestra sociedad.

Porque no solo atienden a los “otros”, también nos enseñan y nos educan aportando su visión y siendo agentes activos en el caso de precisar cualquier tipo de atención vinculada a lo social.

Porque Trabajo Social somos todos y por ello, debemos hacer que viva. Que importante es el Trabajo Social...


AUTOR: José María Gálvez