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Viaje a nuestro yo más profundo y oscuro

por Redacción (10/11/2008 a las 07:31)

Talia y Melpomene recibieron a los espectadores de “El cero transparente” como las musas que son. Dejándose llevar por la risa y el buen humor una, y acompañando cada uno de sus actos por un lamento inconsolable la otra.

Alguno de los espectadores de la primera de las obras a concurso de la V Edición del Certamen Nacional de Teatro Aficionado “Paco Rabal” se lo pensó dos veces antes de pasar por delante de las dos musas, que aguardaban hieráticas a los asistentes antes de lanzarse a entregarles los programas del certamen o el díptico de la compañía madrileña “Muerto soy teatro”.

El recibimiento llenó a espectadores de buen humor y buenos presagios y, éstos, se cumplieron. “El cero transparente” es una obra difícil de ser interpretada por si misma. No en vano su autor, Alfonso Vallejo, hace gala en su currículo de escribir teatro para actores de raza y los miembros de la compañía madrileña lo son y mucho.

Pocas veces, un escenario tan sobrio como una campana de estación y cuatro taburetes simulando los asientos de un vagón de tren imaginario, respaldados únicamente por un fondo totalmente negro como la historia que se representa, conseguirá trasladar a los espectadores a un viaje a nuestro yo mas profundo y sombrío.

Un tren que existe por la propia necesidad de sus viajeros de existir, el único recurso que tienen los protagonistas para escapar de sus miserias y fracasos, aunque el viaje les cueste la vida, como es el caso.

Como pasajeros, dos hombres y dos mujeres que intentan esconder sus carencias y sus problemas a los demás y sobre todo a ellos mismos, en un intento vano de parecer normales.  

Cuatro residentes de un psiquiátrico, cuyos sueños de libertad dan vida al tren que emprende viaje a Kiu, la ciudad inexistente, donde se cumplen los sueños de aquellos mismos que la crean.

Acorde con el tren maldito que se dirige a ninguna parte, un jefe de estación sádico que hace gala de su poder machacando a sus viajeros, consciente de su poder sobre ellos, hasta que, harto ya de sus historias, les anticipa la cruda realidad del viaje sin retorno, lo que desemboca en un final cruel y desesperado.

Excelente trabajo interpretativo de Lara, Mónica, Laura, Sergio, Kiko y Javier que fue recompensado con un largo y sincero aplauso por los asistentes a la representación que, sin registrar el lleno a que nos tiene acostumbrados la Casa de Cultura, si superaron el centenar y medio.  








  
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